Sorttiz y Herttis

El velo de la noche cubría cuanto se veía, sólo el tenue brillar de una luna roja y distante deslumbraba pequeños sectores de lo que alguna vez fue la ciudad más próspera de todo Rayzem, Sartir la ciudad de la sabiduría, que alguna vez fue parte de las cuatro grandes naciones, hoy yacía destruida y maldita. Demonios de todo tipo recorrían las calles y los pocos habitantes que aún luchaban por recuperar su ciudad lentamente caían en la locura y la perversión. Todo el daño que las puertas del Efenie habían realizado en el continente se podía apreciar en Sartir. Casas destruidas, ríos de sangre y montañas de cadáveres, y aun así, aquellos que juraban lealtad a Ocroft o a sus demonios podían vivir de forma “pacífica” entre la podredumbre, pero el costo eran sus almas, su sufrimiento y su efímera libertad; los demonios les mentían y convencían de odiar a las demás naciones, una mentira que pronto se transformaría en la obsesión de los Sartianos.


La noche en la que las puertas del Efenie se abrieron no sólo trajo a la vida a demonios, dragones y otras bestias, también fue el día en que dos bebes serian abandonadas en la Catedral de la Roca, aquel lugar que era el último recordatorio de decencia Sartiana, una estructura que se erguía en la plaza central de Sartir.


De aquel lugar emergieron dos gemelas que sobrevivirán a costa de matar y comer cuando pudieran recoger, sin realizar pactos o vender sus almas, sobrevivieron a un mundo de corrupción y odio. Mas en ellas no existía odio, sino un deseo de poder y destrucción, anhelaban traer desgracia al mundo que las abandonó y las maltrató, deseaban tanto la muerte de los demonios como la de todo ser humano en el mundo, ya que desde que tenían memoria, el mundo las había tratado con indiferencia.


Fueron recogidas en un principio por las últimas creyentes del dios sol en Rayzem pero pronto fueron vendidas, maltratadas, utilizadas como bestias de carga y golpeadas hasta que su dueño temporal se cansó. A sus 6 años escaparon asesinando a su cuidador, alimentándose de ratas y buscando entre los restos de Sartir. No siguieron a ningún dios, ellas  habían prometido que algún día serían las diosas de un nuevo mundo;  de esa forma pasaron los años y cuando cumplieron 10 años, se formó su leyenda, de entre las cenizas de un mundo injusto, se levantaron dos seres de poder sin igual, con un destino tan ambicioso como el de Ocroft. 

Callejón Sajonor, tercera calle desde la plaza centrar

02:15 de la mañana

Mientras Sartir se ahogaba entre la depravación de un nuevo rito para los demonios, dos niñas buscaban entre la basura algo para llenar sus estómagos. Ya habían pasado unos días sin probar bocado, pero nada parecía ligeramente comestible, intentaron masticar lo que parecía un tozo de pan mohoso pero luego de un par de intentos vomitaron lo poco que habían podido tragar.


En el callejón no estaban solas, desde las sombras, un ser abominable las observaba, su nombre era Bhelet el cazador almas, un demonio menor sin culto, pero sediento por nuevas víctimas, su trabajo era el de cortar y preparar las carnes que sus amos comerían, pero esta noche los demás demonios estaban ocupados, por lo que podía dar rienda suelta a sus viles gustos. Ya podía saborear la carne de sus pequeñas víctimas, no obstante las niñas ya eran conscientes de su presencia, mientras escarbaban entre la basura una de ellas, la más decidida de nombre Sorttiz sacó lentamente un pequeño trozo de metal que utilizaba como daga. El demonio hambriento se lanzó sobre sus víctimas sin percatarse del arma, un corte en su mano lo distrajo lo suficiente como para que Herttis la hermana más delgada y pequeña se abalanzara sobre su espalda, pero el demonio se la quitó y lanzó contra la basura como si de un pequeño saco se tratara, Sorttiz por otro lado observó como la herida que había infringido antes al demonio se había curado casi de forma inmediata. El miedo la invadió y su cuerpo dejo de responder.


-Dos bestias hambrientas contra un demonio aún más hambriento- les dijo mientras sonreía y tomaba el arma para luego quebrarla entre sus manos, Sorttiz al ver su hermana entre la basura herida por el golpe que había recibido se llenó de odio como jamás había sentido; la impotencia y el miedo con el que veía a su enemigo se tornaron en odio y sed de sangre. Apretó con fuerza su puño y miró fijamente al demonio, lista para atacar, pero el demonio ahora no solamente sonreía, ahora reía y babeaba ansioso por matarlas, de tal forma que aterrorizó a las dos hermanas.

Bhelet se abalanzó sobre Sorttiz, tomándola del cuello y golpeándola contra la pared que se encontraba tras ella, la sangre brotó de la boca de la niña, dejándola inconsciente y casi al borde de la muerte, Herttis que apenas se estaba recuperando gritó con todas sus fuerzas y corrió hacia el demonio, pero este la lanzó una vez más sin siquiera mirarla, la pequeña niña ya no podía levantarse y sólo podía observar como su hermana iba a morir.


Sorttiz no quería rendirse, su hermana estaba en el suelo sangrando y gritando, pero su cuerpo ya no podría moverse, no tenía fuerzas para luchar, y la sangre cada vez era más a su alrededor. Lo último que vió antes de quedar inconsciente fue el rostro de dolor de su hermana y sus gritos de desesperación al verla agonizar… pero una vez Sorttiz cerró sus ojos, una voz resonó en su cabeza.


-Quema y purga este mundo insensato, este mundo jamás las acogió, jamás les mostro piedad o amor, sólo las trató como basura y las golpeo sólo por nacer, sólo por querer vivir. Ahora es tu turno, quema y devora el odio de demonios y humanos Sorttiz-.


Al terminar esas palabras, el cuerpo de la pequeña niña comenzó a quemarse, llamas de color negro y morado cubrieron tanto el cuerpo de la niña como el brazo del demonio, Bhelet rápidamente cortó su brazo antes de ser consumido por completo por las llamas. Pero no fue el dolor de su brazo o la pérdida de este lo que lo llenó de angustia, sino el hecho de que al levantar su rostro pudo observar el despertar de un dios.


Sorttiz ahora cubiertas de llamas se había recuperado, su cuerpo ya no tenía heridas y su rostro se había transformado, su mirada era la de un demonio, su cabello antes de color negro ahora era de un color blanco y de su cabeza brotaban cuernos.


El miedo invadió al demonio, ahora él era la presa, todo su cuerpo le pedía incesantemente que corriera, pero el miedo era tan fuerte que no podía siquiera respirar. La pelea sólo duró unos segundos, Sorttiz quemó hasta las cenizas al demonio, sólo bastó un movimiento de su mano.


-Mi nombre es Sorttiz, diosa de las llamas del Efneie y he de consumir todo aquello en este mundo, he de limpiar este plano de todo aquello que lo corrompe-  La pequeña y delgada niña que buscaba en la basura, rogando por encontrar algo para ella y su hermana hoy se levantaba como una diosa despiadada.


Sorttiz una vez que quemó al demonio, caminó hacia su hermana, con la intención de terminar con su sufrimiento, pero antes de quemarla observó que al igual que ella ahora tenía cuernos, Herttis la miró fijamente, no con miedo sino más bien con admiración… esa noche culminó con el inicio de un nuevo reino de miedo y caos, Sartir concibió una nueva reina, y con esto el mundo comenzaría una nueva era de oscuridad y temor. 

10 años después, Catedral de las Rocas, Sartir

14:05 hrs.02:15 de la mañana

Sorttiz y Herttis que ahora caminaban entre los demonios y las bestias, se encontraban entre los vestigios de lo que fue su primer hogar, un montón de ruinas y escombros que antes era llamada Catedral de las Rocas, un monumento para un dios que las había abandonado. Ahora siendo una pila de malos recuerdos las llamaba como si de una madre se tratara.

Las dos mujeres que ahora gobernaban Sartir eran alabadas como diosas, Sorttiz las diosas de las llamas, gobernante del caos, destajadora de dragones y cremadora de dioses, y junto a ella su mano derecha, Herttis la emperatriz del hielo, devoradora de sueños y esperanzas. Juntas sometían a todo aquel que se les opusiera.

Ese día algo raro las llamaba desde los escombros, buscaron y luego de unos días dieron con una piedra tallada la cual era mucho más antigua que la misma Sartir, en ella ambas eran nombradas y alabadas, contando además una leyenda, hecho que dejó a las dos hermanas quedaron en silencio.


“Dioses y mortales viven entre demonios y bestias, habitan un mundo ilusorio que será consumido por un ser aún más horrible… y de entre aquellos que han de perder su vida, sólo una podrá cambiar el destino, lo hará un ser completo…”

La tablilla rota y sucia no permitía leer el resto, pero luego del texto principal mencionaba  un ritual y al terminar dos nombres: Herttis y Sorttiz, junto a la imagen de una mujer con un corazón entre sus manos.


De esta modo comenzó el nuevo ciclo de agonía en el mundo, el despertar de un ser aún más repugnante que el mismo Ocroft, el que escucharía las plegarias de sus víctimas… sería el inicio del despertar de Damash.

Autor: Adriel Beltran C. Aren
Editora: Shirley Soto M.

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